Sartre test © Volvo Cars // Autos robots

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Sartre test © Volvo Cars

Seguridad en números: Autonomía en red
La receta básica para el auto robótico fue desarrollada por prueba y error casi una década atrás: el radar detecta objetos a larga distancia, los buscadores láser (también llamados radares láser o LIDAR) disciernen entre objetos a medida que se acercan, las cámaras buscan determinados tipos de objetos y un conjunto de computadoras reúne todos esos datos y le dice al vehículo comandando electrónicamente hacia dónde ir.
Pero hasta ahora nadie pudo crear un vehículo que pueda responder a los caprichos del tránsito diario.
Hasta los autos robot de más repercusión en la prensa -- entre ellos el Audi TTS sin conductor de la Universidad de Stanford que recientemente cumplió con el circuito del Pikes Peak -- han sido experimentos controlados y monitoreados con poco del caos propio del tráfico real. ¿Cómo responde un robot a una tormenta de nieve, a conductores que no ceden el paso o a algo tan rutinario como un desvío? Reconocer, leer y procesar una señal de desvío intermitente, por ejemplo, es una hazaña para la inteligencia artificial, todavía pura ciencia ficción.
Una solución provisoria es limitar la autonomía, programando robots que sigan a un humano líder. El objetivo del proyecto europeo SARTRE (que por sus siglas en inglés significa "trenes de carretera seguros para el medio ambiente") es crear trenes de carretera aprovechando los dispositivos existentes en los autos que asisten al conductor y estableciendo una caravana de robots detrás de un camión controlado por un ser humano. A diferencia de la mayoría de los vehículos autónomos plagados de sensores externos, en el caso de Volvo son modelos de calle que utilizan sensores, procesamiento de imágenes y sistemas de dirección y frenado con asistencia eléctrica para mantenerse en posición, todo estándar de fábrica.