La tradición sostiene que no se debe equipar un auto deportivo con nada que le impida ir rápido. Tiempo atrás, ventanillas descendentes y un calefactor eran extravagancias. Hoy en día, no obstante, ambos son estándares de fábrica. También lo son un techo descapotable eléctrico, los cierres centralizados de puerta o los controles automatizados del climatizador. Estos dispositivos son tan livianos que no impiden que un auto vaya rápido, a la vez que resultan indispensables en este mundo de lujo y vértigo.
Además, hace ya tiempo que las cupés deportivas alcanzaron la línea de los deportivos de dos plazas en términos de desempeño, ofreciendo la practicidad de un sedán. Por eso, hoy en día, podemos considerar “auto deportivo” a cualquier vehículo comprendido entre un convertible veloz de dos butacas y un sedán de aspecto deportivo que oculta bajo las “faldas” un poderoso motor y una suspensión de buena tenida en carretera.
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